Cuentos de la hipotenusa. (Oie, qué estas diciendo) Los dos catetos estaban sentados en una silla. Uno hacía de asiento y el otro de respaldo. Desde allí miraban el horizonte, las estrellas y, de vez en cuando, el paso silencioso de algún cometa. Una tarde apareció la hipotenusa. Venía de lejos, inclinada y elegante, con palabras melosas. —Esto no es vida —les dijo—. Siempre al aire libre, soportando el viento, la lluvia y la noche. Yo puedo ofrecerles una casa ya instalada. Tendrán techo, baño, agua corriente y toda clase de comodidades. Los catetos se miraron. Nunca habían necesitado nada de eso, pero la hipotenusa hablaba con tanta dulzura que comenzaron a sentir frío. —Solo tienen que dejarme unir sus extremos —agregó—. Será apenas una línea. Aceptaron. La hipotenusa se tendió entre las dos puntas y los tres quedaron perfectamente cerrados. Euclides, que pasaba por allí, los midió con su regla y declaró que aquel triángulo era una vivienda sólida y bien proporcionada. Al principio, los catetos celebraron. Tenían paredes, un baño instalado y ninguna corriente de aire. Pero cuando llegó la noche quisieron mirar las estrellas y no encontraron el horizonte. Buscaron una ventana. Después buscaron una puerta. No había ninguna. La hipotenusa, tendida de un extremo al otro, fingía dormir. Entonces comprendieron que aquella línea que debía protegerlos era también el cerrojo. Pero ya era tarde: afuera seguían pasando las estrellas y ellos habían quedado encerrados para siempre dentro de una figura perfecta Ver menos

La ideología

Es una formaa del deseo que nos reune a tomar una cerveza con amigos. No sé si el deseo de estar juntos la genera o ella misma se las arregla para juntarnos. Tal vez sea una y otra cosa al mismo tiempo.

La envidia

Hay momentos que me revuelco con gozo en la envidia. Me hace bien reconocerla y no envolverla en peros para desfigurarla y que parezca otra. Revolcarme en la envidia, cuanto gozo.

Vida y muerte

La vida cobra sentiddo cuando nos acercamos a la muerte. Antes, era solo vivirla.

Realidad y fantasía

La realidad es tan diferente a mis fantasías que a cada paso me choco en las paredes.

Arte y fracaso

Existe muy poco margen de error para errarle al fracaso.
Segunda parte de mi novela "La Julia" Se puede leer un fragmento. https://www.amazon.com/dp/B0DQPXXC5T?asin=B0DQPXXC5T&revisionId=f2e04ebb&format=3&depth=1 https://a.co/d/3oMuoEO
Siguiendo el enlace se puede leer un fragmento.

Novela: La Julia

Siguiendo el link pueden leer las primeras páginas:

La esperanza.

 ... es como el agua para las plantas; si falta, uno languidece.

Sufrir, tolerar, permitir.

  Estas tres palabras de diferente significado, en alemán se resumen en una: Leiden. Me llama la atención como la experiencia de una comunidad se logra sintetizar en un solo vocablo; cuantas veces hemos visto sufrir a alguien y nos preguntamos ¡cómo lo puede tolerar!, y es habitual que alguien, tal vez más perspicaz que uno, nos agregue: ¡y cómo lo puede permitir!

Los Confinados (se pueden leer las primeras páginas)

Seguí el vínculo para leerlas.


 Esta novela escrita dos años antes de la pandemia advertía sobre los peligros que acechaban a la humanidad. Hoy se puede leer como un prólogo a lo que estamos viviendo; el futuro asoma incierto en un planeta que pareciera ya no aguantar nuestra presencia; la naturaleza, como un animal herido, como un monstruo antediluviano pareciera sacudirse para intentar librarse de las garras de este bípedo que intenta cuadrarla a su imagen y semejanza.

Más allá de la nube de Albúmeda (pueden leer el primer capítulo)


 Siga el vínculo para leerlo

 El narrador de esta historia es un gamucino de Gamaomega, un planeta perteneciente a la Hermandad de los Luceros, ubicado a millones de años luz de nuestro planeta. Su misión es un pormenorizado estudio de nuestra especie a fin de volcarlo en un informe destinado a los habitantes de su galaxia.
A lo largo del relato, en la mirada de un extraño que nos juzga y nos sentencia, se repasan los hechos más recientes por los que debe atravesar la humanidad: los virus, la pandemia, y el futuro de nuestra especie.
Inquietante novela de Miguel Ángel Mori que intenta despojarse del antropocentrismo en busca de otra mirada sobre la condición humana.
Con el humor de siempre y las transgresiones gramaticales y sintácticas (por puro juego) al que el autor nos tiene acostumbrado.



Confesión.

 Toda mi literatura fue construida sobre un colchón de miedo. 

Naufragio

 Es una balsa que avanza lenta. Una balsa de tablas peladas. Allí lejos está la muerte. Está lejos, pero ya se la alcanza a ver. El avance es inexorable; puedo utilizar mi tiempo leyendo un libro, construyendo una casa, viajando, pero la balsa no se detiene. Estoy solo, puedo estar rodeado de gente, pero sigo solo, puedo aturdirme de droga, de alcohol, pero el lento avanzar no se detiene. 

 Ahora el sol me da de lleno, en otros momentos puede llover, hacer calor, o frío. El lento avanzar de la balsa es inexorable, es la muerte en cámara lenta; uno puede saltar y zambullirse, pero eso sería un suicidio, un mal trago para mí y los que quedan. Uno piensa que puede haber un barco que pase salvador a lo lejos, pero esta no es una película de náufragos, la balsa avanza inexorable en una esquina tomando una cerveza con amigos, riendo, llorando, entretenido, aburrido, la balsa avanza. Aunque uno vuelva a escuchar la bocina.